13 de febrero de 2007

Nuevas visiones, nuevas actitudes…mejores relaciones (y 2)


PUBLICADO EN LA SECCION FIRMAS DE CLAVE DIGITAL EL DIA martes, 13 de febrero de 2007
DESDE HAITI

Steven Gehy





Nuevas visiones, nuevas actitudes…mejores relaciones (y 2)

 

PÉTION-VILLE, Haití.- Es generalmente admitido en ambos lados de la frontera domínico-haitiana que la percepción de la memoria colectiva dominicana con relación a algunos hechos históricos del siglo XIX principalmente, constituyen un estorbo al establecimiento de unas relaciones armoniosas y fraternales entre la República Dominicana y Haití.


Sin embargo, lo que no se ha dicho ni aclarado lo suficiente es que las narraciones de estos acontecimientos del pasado, que tienden a reciclar perpetuamente la enemistad entre los dos pueblos de la isla, han sido intencionalmente manipuladas, deformadas, descontextualizadas para lograr precisamente el sombrío propósito de generar antagonismo y hostilidad.

Uno de los más prestigiosos escritores haitianos, el antropólogo Jean Price-Mars, fallecido en 1969, no calla su asombro ante esta triste e incomprensible realidad.

En efecto, el autor, en su conocido libro titulado: “La República de Haití y la República Dominicana, diversos aspectos de un problema de historia, de geografía y de etnología”, luego de revelarnos la intensa acción diplomática desplegada en los Estados Unidos por el gobierno del Presidente haitiano, Nissage Saget para salvar la independencia dominicana, escribe lo siguiente:

“Por segunda vez en menos de diez años, defendimos la integridad del territorio dominicano en contra de los mismos dominicanos; por segunda vez, hicimos pacto con los patriotas dominicanos para salvaguardar su país del yugo del extranjero en contra de los suyos que querían vergonzosamente vender su honor y su dignidad por un plato de lentejas.

“Y, sin embargo, por una singular ironía de las cosas, si hay un pueblo odiado sobre las orillas del Ozama, es aún nosotros, el pueblo haitiano.

“¿Por qué? ” (Fin de la cita.)

Cabe preguntarse entonces: ¿Puede una nueva, acertada y, sobre todo, desprejuiciada apreciación de la historia de la isla, modificar las mentalidades e influir positivamente sobre el desarrollo económico, social, cultural y sobre las relaciones binacionales en general?

Entre otros puntos de la geografía insular que poseen ese atractivo potencial histórico, económico, social y cultural para guiar las relaciones dominico-haitianas hacia senderos de respeto, de paz y de progreso, está el departamento haitiano del Sureste - que colinda con Pedernales e Independencia- cuya urbe principal es la hospitalaria ciudad de Jacmel.

Si hablo de “potencial histórico”, me refiero en este contexto, esencialmente a un proceso de identificación de múltiples fuentes de apaciguamiento de esos fútiles sentimientos de rencor que han conseguido envenenar el alma de algunos.

En este sentido, no está de más recordar que Jacmel fue la primera gran ciudad haitiana que abrió sus puertas y sus brazos a Francisco del Rosario Sánchez y a otros ilustres héroes dominicanos perseguidos en la época por otros de sus compatriotas, “vendepatria”.

Y en honor a este pasado hecho y repleto de solidaridad y de hermandad, me imagino difícilmente que aun el más “nacionalista” de todos los dominicanos, sobre la base de algún pretexto histórico, pueda padecer de la más pequeña animosidad hacia esta hermosa y creativa ciudad sureña de Haití.

Lograr entonces la reconciliación de las almas y la paz de los corazones desde la reconstitución de estos históricos gestos de amistad, disminuir, sino borrar por completo, los recelos mutuos, acabar con esta actitud contraproducente de vivir en la misma isla pero de espalda siempre, son parte de todo un portafolio de actitudes positivas que ayudarían a agilizar el surgimiento de ideas y de proyectos -turísticos por ejemplo-, o de otra índole, para el gran beneficio de las poblaciones de los dos países.

Jacmel, ofrece también esta posibilidad ya que toda la zona del suroeste haitiano, encierra un enorme potencial para el desarrollo de actividades turísticas. Paralelamente, la dinámica industria turística dominicana, que ha entendido y previsto la obligación de diversificar al máximo su oferta, ha expresado muchas veces, los grandes beneficios que se derivarían de una estrecha colaboración entre ambas naciones, específicamente en este renglón de la economía.

Si bien, me guardaré de entrar aquí en detalles técnicos de la cooperación turística mencionada, quiero sin embargo dejar claro con este ejemplo sencillo, la idea de que si nos dedicamos a buscar alternativas, nos daremos cuenta que existe a nuestro alcance una infinidad de fórmulas respetuosas, amistosas, productivas, inmediatamente aplicables y en las cuales ambos Estados tienen mucho que ganar.

Imaginar pues perspectivas que nos inviten a visitar la historia de nuevo, emprender obras que consigan despertar una sinergia motivada por intereses comunes claramente identificados, realizar emprendimientos que alcancen redistribuir equitativamente los dividendos en ambos lados de la frontera, -lo que lograría mitigar significativamente la inmigración indocumentada-, definir sin altanería sus aportes propios y reconocer al mismo tiempo, humildemente, las contribuciones del otro, todo esto, nos reservará, sin duda alguna, un mejor futuro que el destino por el cual nos quiere llevar el insostenible y perverso discurso fanático “nacionalista” desgastado.

Hasta la próxima entrega entonces, en la cual, una vez mas, intentaré seguir explorando visiones y actitudes nuevas.





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